La monarquía pretende ser una figura de unidad y que represente a todas las capas de la sociedad en torno al españolismo, el capital, el ejército y la moral podrida del sistema. Una figura que se coloque por encima de la lucha entre clases sociales y sea la cara pública del gran engaño de que por vivir o nacer en el mismo trozo de tierra, los intereses de los oprimidos pueden ser los mismos que los de los opresores. Una figura que, llegado el momento, se ponga a la cabeza del estado y aplaste sin contemplaciones cualquier lucha que haga peligrar el Régimen del 78.

Para enmascarar este engaño, hace falta mucha mucha mucha publicidad. Muchos recursos y operaciones de marketing. Eso es la presencia de la borbona Leonor en las aulas de la Universidad Carlos III de Madrid. Una operación mediática para humanizar y normalizar a la heredera. Propaganda rancia. Se creen que pueden hacer que parezca una de nosotras. Van listos.

La propaganda monárquica no es compatible con la universidad pública

Sabemos que Leonor de Borbón no es una alumna cualquiera. Su presencia en la UC3M es una provocación constante Las clases han empezado con un campus hiper militarizado debido a los jugosos contratos de seguridad licitados por la universidad coincidiendo con la llegada de la heredera.

Hablamos de un dispositivo de guardias que no protege a las estudiantes: nos controla, nos amenaza y nos reprime. Nos identifican al entrar en la biblioteca, patrullan los pasillos creando un clima de desconfianza constante y edificios, nos prohíben pegar carteles y nos criminalizan por organizarnos. No hace falta que haya cargas policiales todos los días. Basta con generar miedo entre las estudiantes, con que el personal de seguridad esté infiltrado, con que las críticas se silencien por miedo a represalias académicas o policiales, con que la libertad de expresión deje de ser un derecho y se convierta en un privilegio reservado a las voces que no cuestionan el orden establecido. Esta es la experiencia que estamos viviendo, sin ninguna exageración. Compañeras del Sindicato de Estudiantes hemos sido increpadas y perseguidas por parte del personal de seguridad mientras pegábamos carteles y repartimos panfletos. Nos han parado, nos han interrogado, han querido hacernos sentir que organizarnos era un delito.

Por otro lado, mientras las jóvenes de clase trabajadora sufrimos tasas cada vez más altas, menos becas y una durísima subida del precio de la vivienda, mientras se nos dice que faltan recursos para becas, profesorado, investigación y una educación digna, vemos cómo se utiliza el dinero público para controlarnos, reprimirnos y maquillar a Leonor.

Es natural que la UC3M haya sido el escenario elegido para ejecutar el teatrillo. El Consejo Social de la UC3M está integrado por grandes corporaciones como Airbus, Repsol o Banco Santander. Estas empresas dirigen y controlan estratégicamente nuestra universidad a cambio de aportar los fondos que la CAM ha recortado. Nuestra universidad desarrolla el modelo que tiene Ayuso para la pública: precios elevados, militarización, gestión empresarial y elitismo. 

¡Que se vayan por donde han venido!

La presencia de la heredera es la representación perfecta de esta sociedad de clases: mientras las jóvenes trabajadoras nos endeudamos y malvivimos para poder estudiar, la monarquía coloca a su descendencia en el centro del escaparate público. Que Leonor estudie en la Carlos III no la hace una más; al contrario, evidencia que hay dos realidades: la que trabaja y la que hereda. La que sufre recortes y la que tiene escoltas pagados con impuestos. La que es vigilada y la que es protegida.

Pero no vamos a quedarnos calladas ni quietas: la universidad no es un cuartel, nosotras no somos sospechosas de nada y nuestras aulas no son el set de la princesa. Que la heredera de Franco, Juan Carlos y Felipe se vaya por donde ha venido. Que los capitalistas se paguen sus universidades. Desde el Sindicato de Estudiantes llamamos a la organización y la lucha para poder defender una universidad sin reyes, empresarios ni amos. Una universidad 100% pública, laica, de calidad y feminista. Queremos una sociedad igualitaria, sin privilegios hereditarios, sin monarquía y sin capitalismo.