La crisis política de Ceuta ha desatado una ola nauseabunda de nacionalismo españolista y racismo. Una islamofobia repugnante de odio al moro, de clasismo y deshumanización de las personas migrantes...
¡Nativa o extranjera, la misma clase obrera! Siempre antifascistas y siempre antirracistas. ¡No pasarán!
Esta semana el Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que endurecerá las leyes de extranjería y asilo, asumiendo los marcos políticos de extrema derecha del acuerdo inmigratorio aprobado por el parlamento europeo.
Una carnicería en la que las víctimas son jóvenes y familias trabajadoras que huían desesperadamente de las condiciones de miseria a los que les somete la dictadura alauita, un régimen de terror y opresión.
El pasado jueves 30 de julio, cuando 50.000 hombres, mujeres y niños marroquíes entraron en Ceuta, todos los representantes de la llamada “democracia” occidental salieron en tromba a mostrar su airada indignación. Desde Finlandia hasta Italia, desde EEUU hasta Argentina, los gobernantes de derecha y extrema derecha elevaron sus protestas ante la “invasión” y callaron vergonzosamente ante el centenar de migrantes muertos ahogados en las aguas de la ciudad ceutí, y los miles que fueron tratados como alimañas, víctimas de los apaleamientos, de la sed y el hambre.
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