El 6 de octubre, más de 2000 de liceos y el 90% de las universidades amanecieron completamente cerradas. La juventud francesa está protagonizando la mayor lucha estudiantil que se recuerda desde Mayo del 68. Desde el Sindicato de Estudiantes mandamos todo nuestro apoyo y solidaridad con las estudiantes que a lo largo de esta histórica semana no han dado ni un paso atrás en la lucha en defensa de la educación pública.
El Gobierno de Macron le ha vuelto a declarar la guerra a la clase trabajadora. El pasado 29 de septiembre anunció un plan de recortes de 58.000 millones de euros en los presupuestos de 2027. Al mismo tiempo, en 2026 se ha aprobado un salvaje plan de rearme: solo este año se han destinado 57.100 millones de euros en gasto militar. ¡Es una absoluta vergüenza!
Ante este escándalo, la reacción de la clase trabajadora no se ha hecho esperar. Miles y miles de personas llenaron las calles de todo el país contra esta medida y ese mismo día las movilizaciones estudiantiles, que llevaban en curso desde el 17 de septiembre, dieron un salto drástico.

La educación pública en Francia al borde del precipicio
La situación en los centros de estudios en Francia, en concreto los que se encuentran en las afueras de las ciudades, es completamente insostenible. Miles de jóvenes de clase trabajadora estudian en condiciones deplorables: los techos de las aulas se caen a pedazos literalmente, hay plagas de ratas e incluso de chinches, incluso en muchos centros de estudios no hay sillas ni mesas para todos los estudiantes… De hecho no es casualidad que el epicentro de la lucha sea Saint-Denis, un suburbio industrial y una de las zonas más golpeadas y deprimidas de todo Francia.
Millones de estudiantes de todo el país han inundado las calles contra la destrucción de la educación pública, la falta de recursos, la precariedad a la que están sometidos los colegios en los banlieues (los suburbios de las grandes ciudades francesas) y, también, por mejoras laborales para el conjunto del profesorado. En decenas de ciudades se escuchaban y leían consignas como: “Faltamos a clase para darles una lección”, “Abajo el Estado policial” o “Seremos la juventud de la revolución”. Esta situación ha puesto a Macron contra las cuerdas una vez más.
Ante estas movilizaciones, el Gobierno de la “democrática” Francia ha respondido de una manera brutal. En primer lugar, culpando a la Francia Insumisa de este tsunami de protestas, afirmando que Mélenchon está “instigando” a la violencia. Y en segundo lugar, reprimiendo salvajemente al movimiento.

Las imágenes de la represión desatada no han dejado indiferente a nadie. Estamos viendo cómo una vez más, el aparato del Estado actúa sin contemplaciones contra la juventud que lucha, en una deriva cada vez más autoritaria. Desde la semana pasada, la policía ha detenido a más de 5000 estudiantes, la mayoría menores de edad. Unas detenciones que han ido acompañadas de una violencia policial completamente salvaje contra los manifestantes: gases lacrimógenos, pelotas de goma, porras, granadas… Las imágenes que vimos el 6 de octubre son el reflejo de esta brutalidad.
Un estudiante en Lens ha perdido la mano y parte del antebrazo cuando un policía lanzó una granada. En Toulouse, un estudiante de 14 años ha perdido un ojo por un impacto de una pelota de goma. En el río Savoureuse, un policía casi ahoga a un joven… la lista podría seguir. Y aun así, tenemos que escuchar al primer ministro, Sébastien Lecornu, decir demagógicamente que hay que dar tiempo a la “democracia interna” en los centros de estudio para abordar la situación, tras haber acordado la suspensión de las clases fruto de la magnitud que ha alcanzado la lucha. Ya, claro. Como si existiera algún tipo de democracia en el mismo Estado que alienta y protege al aparato policial que apalea a centenares de jóvenes. Nosotros lo tenemos muy claro. Bajo este sistema, la democracia no es más que papel mojado y ya hemos visto cómo actúa en el momento en el que la clase obrera pone entre la espada y la pared a los capitalistas.
Sin embargo la represión, lejos de disminuir las movilizaciones, ha provocado que estas sean cada vez más masivas. El intento de desmoralizar al movimiento no ha tenido el efecto que tanto desearía la clase dominante. Todo lo contrario. La represión está afianzando a miles de estudiantes a seguir luchando, pero también al conjunto de la clase trabajadora que está demostrando un ejemplo de dignidad. Hemos visto cómo los profesores, las profesoras, las familias y trabajadores de muchos otros sectores han hecho a lo largo de la semana cordones en las puertas de los liceos y en las propias manifestaciones para que la policía no descargue el puño de la represión contra la juventud.

Huelga general en Francia el 5 de noviembre. ¡Abajo los recortes de Macron! ¡Abajo su Gobierno!
La situación en Francia es cada vez más explosiva, y está claro que esta batalla por la educación es también parte de la batalla contra la ultraderecha de Le Pen y la amenaza de que pueda llegar a la Presidencia de la República. La rebelión estudiantil está expresando el sentir de millones de trabajadores y trabajadoras que sufren en sus carnes diariamente las consecuencias de la política reaccionaria del Gobierno de Macron. Este es el ambiente social que ha creado las condiciones para que los sindicatos CFDT, la CGT, Force Ouvrière (FO), la Unsa y la FSU hayan convocado para el próximo 5 de noviembre una jornada de huelga general y manifestaciones. A esta huelga están llamados a participar los y las trabajadoras del sector público y privado, jóvenes, pensionistas, etc., para exigir aumentos salariales acordes al incremento del coste de la vida, en defensa de los servicios públicos con especial hincapié en la protección de la educación pública, contra los planes privatizadores y de recortes del Gobierno, y contra el salvaje incremento del gasto militar, etc. Este es el camino a seguir para derrotar los planes del Gobierno y es también la mejor garantía para vencer a Le Pen.
Las manifestaciones históricas que han sacudido Francia el 6 de octubre han marcado un antes y un después en el país. Esta rebelión social demuestra que la lucha es el único camino para acabar de una vez por todas con las políticas del Gobierno de derechas de Macron que llevan casi 10 años siendo una pesadilla para la clase trabajadora.
Desde el Sindicato de Estudiantes reiteramos toda nuestra solidaridad a la juventud y clase trabajadora francesa. Su lucha en defensa de la educación pública es una inspiración para el conjunto de jóvenes que día tras día nos levantamos para salvar la educación pública y todos los servicios públicos en general de las garras de los capitalistas y sus representantes políticos que nos los quieren arrebatar.
¡La lucha es el único camino!
Solidarité avec la lutte étudiante en France. Assez la répression policière!
Le 6 octobre, plus de 2000 lycées et 90% des universités se sont réveillées totalement fermées. La jeunesse française mène la plus grande mobilisation étudiante depuis Mai 68. Le Syndicat des étudiants tient à exprimer tout son soutien et sa solidarité aux étudiants qui, tout au long de cette semaine historique, n'ont pas reculé d'un pouce dans la lutte pour la défense de l'enseignement public.
Le gouvernement Macron a de nouveau déclaré la guerre à la classe ouvrière. Le 29 septembre dernier, il a annoncé un plan de coupes budgétaires de 58 milliards d'euros pour 2027. Parallèlement, un plan de réarmement brutal a été adopté pour 2026 : rien que pour cette année, 57,1 milliards d'euros ont été consacrés aux dépenses militaires. C'est une honte absolue!
Face à ce scandale, la réaction de la classe ouvrière ne s'est pas fait attendre. Des milliers et des milliers de personnes ont envahi les rues à travers le pays pour protester contre cette mesure et, ce même jour, les mobilisations étudiantes — en cours depuis le 17 septembre — ont connu une accélération spectaculaire.
L'enseignement public en France au bord du précipice
La situation dans les établissements scolaires en France, en particulier ceux situés en périphérie des villes, est totalement intenable. Des milliers de jeunes issus de la classe ouvrière étudient dans des conditions déplorables: les plafonds des salles de classe tombent littéralement en ruine, on déplore des infestations de rats et même de punaises de lit, et dans de nombreux établissements, il n'y a pas assez de chaises ni de tables pour tous les élèves… Ce n'est d'ailleurs pas un hasard si l'épicentre de la lutte est Saint-Denis, une banlieue industrielle et l'une des zones les plus durement touchées et les plus défavorisées de toute la France.
Des millions d'élèves à travers le pays ont envahi les rues pour protester contre le démantèlement de l'enseignement public, le manque de moyens et la précarité qui frappe les établissements des banlieues, mais aussi pour réclamer de meilleures conditions de travail pour l'ensemble du corps enseignant. Dans des dizaines de villes, on pouvait entendre et lire des slogans tels que : « On sèche les cours pour vous donner une leçon », « À bas l'État policier » ou encore « Nous serons la jeunesse de la révolution ». Cette situation a une fois de plus mis Macron en grande difficulté.
Face à ces mobilisations, le gouvernement de la France « démocratique » a réagi de manière brutale. D'une part, en désignant La France insoumise comme responsable de ce tsunami de protestations et en affirmant que Mélenchon «attise» la violence. Et d'autre part, en réprimant sauvagement le mouvement.
Les images de la répression qui s'est déchaînée n'ont laissé personne indifférent. Nous voyons, une fois de plus, l'appareil d'État agir sans ménagement contre la jeunesse qui lutte, dans une dérive de plus en plus autoritaire. Depuis la semaine dernière, la police a interpellé plus de 5 000 étudiants, pour la plupart mineurs. Ces interpellations se sont accompagnées d'une violence policière d'une sauvagerie inouïe à l'encontre des manifestants: gaz lacrymogènes, balles en caoutchouc, matraques, grenades… Les images du 6 octobre reflètent cette brutalité.
À Lens, un étudiant a perdu la main et une partie de l'avant-bras lorsqu'un policier a lancé une grenade. À Toulouse, un élève de 14 ans a perdu un œil, touché par un tir de balle en caoutchouc. Dans la rivière Savoureuse, un policier a failli noyer un jeune homme… la liste est longue. Et pourtant, nous devons entendre le Premier ministre, Sébastien Lecornu, affirmer démagogiquement qu'il faut laisser du temps à la « démocratie interne » des établissements d'enseignement pour traiter la situation, après avoir acté la suspension des cours face à l'ampleur prise par la lutte. Eh bien voyons ! Comme s'il existait une quelconque démocratie au sein de cet État qui encourage et protège l'appareil policier frappant à coups de matraque des centaines de jeunes. Pour nous, les choses sont claires. Sous ce système, la démocratie n'est qu'un vain mot, et nous avons déjà vu comment elle agit dès lors que la classe ouvrière accule les capitalistes.
Cependant, loin de freiner les mobilisations, la répression les a rendues toujours plus massives. La tentative de démoraliser le mouvement n'a pas eu l'effet escompté par la classe dominante ; bien au contraire. La répression conforte des milliers d'étudiants dans leur lutte, mais elle renforce aussi l'ensemble de la classe ouvrière, qui fait preuve d'une grande dignité. Tout au long de la semaine, nous avons vu enseignants, familles et travailleurs de nombreux autres secteurs former des cordons humains devant les lycées et au sein même des manifestations, afin d'empêcher la police de s'abattre sur la jeunesse.
Grève générale en France le 5 novembre. À bas les coupes budgétaires de Macron! À bas son gouvernement!
La situation en France devient de plus en plus explosive, et il est clair que cette bataille pour l'éducation s'inscrit également dans le combat contre l'extrême droite de Le Pen et la menace de la voir accéder à la présidence de la République. La révolte étudiante reflète le sentiment de millions de travailleurs et de travailleuses qui subissent au quotidien les conséquences de la politique réactionnaire du gouvernement Macron. C'est ce climat social qui a créé les conditions pour que les syndicats CFDT, CGT, Force Ouvrière (FO), Unsa et FSU appellent à une journée de grève générale et de manifestations le 5 novembre prochain. Les travailleurs et travailleuses des secteurs public et privé, les jeunes, les retraités, etc., sont invités à participer à cette grève pour exiger des augmentations de salaire alignées sur la hausse du coût de la vie, pour défendre les services publics — en mettant l'accent sur la protection de l'enseignement public —, pour s'opposer aux projets de privatisation et aux coupes budgétaires du gouvernement, ainsi qu'à l'augmentation effrénée des dépenses militaires, etc. C'est la voie à suivre pour faire échec aux projets du gouvernement et c'est aussi la meilleure garantie de vaincre Le Pen.
Les manifestations historiques qui ont secoué la France le 6 octobre ont marqué un tournant décisif pour le pays. Cette révolte sociale démontre que la lutte est la seule voie pour mettre un terme définitif aux politiques du gouvernement de droite de Macron, qui constituent un cauchemar pour la classe ouvrière depuis près de dix ans.
En tant que Syndicat des étudiants, nous réaffirmons toute notre solidarité avec la jeunesse et la classe ouvrière françaises. Leur lutte pour la défense de l'enseignement public est une source d'inspiration pour tous les jeunes qui, jour après jour, se mobilisent pour sauver l'enseignement public — et l'ensemble des services publics — des griffes des capitalistes et de leurs représentants politiques qui cherchent à nous les arracher.
La lutte est la seule voie!







