Este 25 de marzo se cumplen 90 años de un acontecimiento clave en la lucha del pueblo extremeño, en un día como hoy en 1936 entre 60.000 y 80.000 jornaleros y yunteros relacionados con la FNTT (Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, perteneciente a la UGT) de distintas localidades en toda la región se levantaron pacíficamente para protestar por un cambio en la deficiente Ley de la reforma agraria, en un momento en el que el paro agrícola superaba el 20% en una tierra especialmente afectada por los latifundios y el caciquismo, estos campesinos consiguieron ocupar alrededor de unas 250.000 hectáreas de tierra, que resultó en un éxito rotundo. Un ejemplo incuestionable de que los derechos no se discuten, sino que se conquistan.
Este hito fue de tal importancia que tanto la prensa internacional así como también famosos escritores de la época apoyaron entonces la causa de los campesinos extremeños, entonces, ¿por qué nadie habla de ello? La respuesta, como en muchos otros casos de este tipo la encontramos en la atroz represión de Franco.
El miedo impuesto por el franquismo en la masacre de Badajoz en la cual se calcula que el bando sublevado se cobró las vidas de un 10% de la población pacense del momento, y que por supuesto, revirtió los procesos gracias a los cuales por primera vez tras siglos de feudalismo estos campesinos por fin podrían ser dueños de las tierras que trabajaban, convirtiendo a esta provincia en una de las más castigadas por la represión franquista marcando un antes y un después en la memoria colectiva extremeña, un trauma por el cual esta historia ha intentado ser silenciada; ya no sólo por el propio régimen asesino, sino también por el propio expresidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, cuando declaró lo siguiente sobre la proclamación del Día de Extremadura: “El 8 de septiembre fue una cacicada mía”. La elección del día de la Virgen de Guadalupe fue un movimiento estratégico para perpetuar el olvido del pasado combativo extremeño, invalidando sus luchas e historia.
Los sucesos del 25 de marzo están intrínsecamente ligados a las desamortizaciones de Madoz del siglo XIX expropiaron hasta el último centímetro de los ejidos, que una vez más pasarían a manos de los nobles, ahogando en la miseria a los campesinos extremeños extremeños. Entonces se inició uno de los periodos de mayor “actividad criminal” en Extremadura, ¿el “delito”? Intentar no morir: los campesinos extremeños, empujados por el hambre se vieron en la obligación de infiltrarse en las dehesas de los terratenientes para robar bellotas y leña como último recurso para su sustento, ganándose el sobrenombre de “belloteros”.
Los efectos del capitalismo en forma de caciquismo y franquismo en Extremadura todavía son palpables a día de hoy: Extremadura está entre las comunidades autónomas españolas con uno de los índices de desarrollo humano más bajos del país.
La derecha conoce bien el sentir de los extremeños; saben que es una región a la que se le ha impuesto sistemáticamente el abandono y la marginación: aprovechando esto para presentarse como su única alternativa; especialmente para quienes trabajan en el campo.
Desde el Sindicato de Estudiantes creemos importante visibilizar las causas de un pueblo que por consecuencia del implacable fascismo ejercido en su región ha sido silenciado e ignorado, y que incluso décadas después del éxodo rural sus jóvenes se siguen viendo en la obligación de emigrar para tener oportunidades laborales y de estudio dignas. Por eso hoy recordamos y reivindicamos el legado de todos los luchadores y luchadoras que nos precedieron y que decidieron luchar por una sociedad libre de opresión y explotación.
¡El 25 de marzo es el verdadero Día de Extremadura!







