El lunes, 23 de febrero, el partido fascista Vox viene al campus de Álava de la UPV/EHU. No es la primera aparición de este tipo: Macarena Olona en Granada, Espinosa de los Monteros en Somosaguas o las apariciones del pseudoperiodista fascista Vito Quiles en diferentes universidades. Sin embargo, es la primera aparición que se da en Euskadi.
La excusa que hay detrás de esto son las pancartas y carteles colocados por diversos agentes de la universidad; según ellos, "pancartas amenazantes". Pero las únicas pancartas que hemos visto en el campus son las que tienen relación directa con el 3 de marzo de 1976, las que recuerdan a los trabajadores asesinados en Vitoria-Gasteiz. Que Vox considere la memoria de nuestros padres y abuelos como "amenazante" no es una mera provocación: es un intento consciente de criminalizar la memoria obrera y de blanquear la violencia utilizada por los aparatos estatales en los últimos años del franquismo y en los años de la transición sangrienta. Aquellos trabajadores no llevaban armas, sino reivindicaciones; no amenazaban a nadie, exigían derechos básicos y salarios dignos. La verdadera amenaza fue la de quienes, el 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz, dispararon contra una asamblea en una iglesia, asesinaron a cinco trabajadores e hirieron a decenas.
Presentar hoy su recuerdo como una "amenaza" es invertir la historia: señalar a las víctimas y absolver simbólicamente a los responsables. Frente a este relato reaccionario, reivindicar la memoria del 3 de marzo no es un gesto nostálgico, sino un reclamo político de justicia, verdad y reparación. Porque cuando se ataca la memoria de la clase obrera, el objetivo es claro: debilitar su conciencia, criminalizar su organización y desactivar su capacidad para volver a poner en cuestión el poder.
La respuesta ha sido inmediata: el fascismo no tiene lugar en nuestras facultades, ni en las escuelas, ni en las calles. Esto ha quedado claro una y otra vez en Gasteiz, como se vio en las movilizaciones del 12 de octubre, donde se dio una reacción antifascista firme y organizada. La universidad no es un refugio para discursos de odio, ni un espacio neutral para aplastar la memoria histórica.
Las y los estudiantes lo tenemos claro: enfrentarse al fascismo no es una opción, es una responsabilidad política y colectiva. Actuando de forma organizada y solidaria, no permitiremos que se extienda el miedo, ni que se criminalice la memoria. Nuestras facultades y nuestras calles serán espacios libres y antifascistas.
Hoy, 20 de enero, la respuesta del decanato ha tomado un rumbo preocupante: tomando como excusa la "responsabilidad institucional" y las "medidas preventivas", han suspendido toda la actividad presencial y han ordenado desalojar el campus. Dicen que el eje es garantizar la seguridad y el bienestar, pero la consecuencia es que los fascistas tengan las calles limpias: los fascistas en la calle, los estudiantes en casa, y la imagen de la universidad "limpia", mientras aún no ha roto relaciones con Israel. Ante esto, el consejero de Universidades del PNV ha dicho que aunque clausurar las clases es lo “prudente”, pide que se ponga el foco en los grupos de “carácter totalitario” que proponen impedir el acto. Para el PNV los totalitarios no son los que reivindican una dictadura que ahogó en sangre a nuestras abuelas y abuelos. No. Los violentos somos las y los jóvenes que nos oponemos a volver a los oscuros tiempos del franquismo. El mundo al revés.
Esta decisión tomada en nombre de la neutralidad no hace desaparecer el conflicto; al contrario, lo despolitiza y lo desactiva, desmovilizando a la comunidad que denuncia la provocación. Es más, según el equipo rectoral, venceremos al fascismo mediante el espíritu crítico y la ilustración, aunque la historia nos haya demostrado una y otra vez que el fascismo se vence saliendo a la calle, y no a través de meros discursos teóricos.
Desde el Sindicato de Estudiantes lo tenemos claro: condenar el neofranquismo con palabras no es suficiente, hace falta una respuesta política y social en la práctica, en la calle y en las facultades con la organización y la movilización de masas. No venceremos al fascismo con mera dialéctica, sino mediante la lucha colectiva, siguiendo la lección que nos ha enseñado la historia. Nuestra universidad no es un espacio “neutral”: si no se defiende la memoria de nuestra clase, retrocedemos. Y nosotras no vamos a retroceder.
¡Todas y todos a la facultad de Farmacia el lunes 23 de febrero a las 12:00!







