El pasado 5 de octubre salía a la luz el informe final sobre pederastia a cargo de la Comisión Independiente sobre Abusos en la Iglesia Católica (CIASE) en Francia. Durante los últimos meses, los integrantes de la comisión calculaban que la cifra de víctimas de abusos sexuales podía llegar a los 10.000, pero la investigación ha fulminado esta estimación. Desde 1950, ha habido al menos 216.000 menores de edad víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica francesa, cifra que asciende a los 330.000 incluyendo los casos de pederastia cometidos por laicos de todo tipo, desde catequistas hasta maestros en centros católicos. Tan escalofriante es la magnitud de los crímenes de la Iglesia católica como la impunidad de la que gozan para seguir cometiéndolos.

Los PTIS (Personal Técnico de Integración Social) son un engranaje esencial para garantizar una educación pública inclusiva y de calidad, pues son los profesionales que asisten en el aula a las y los estudiantes con necesidades especiales. Sin embargo, dentro de la atención a la diversidad, los PTIS siguen sin ser trabajadores públicos, sino que su figura está externalizada. Es decir, trabajan en las aulas específicas o apoyando a los y las docentes, pero la Junta en lugar de contratarles directamente – con las condiciones laborales que ello supone -, contrata a empresas privadas a las que adjudica una serie de colegios divididos en lotes, lo que supone unas condiciones laborales pésimas y que la precariedad sea la norma. 

Una posición marxista ante un debate crucial para la juventud

“Por supuesto, son empresarios, emprendedores. La gente que lleva el tráfico de drogas no son distintos del resto, excepto en que tienen más iniciativa empresarial y menos preocupación por dañar a otros. En ese sentido, son más irresponsables. Pero tienen un negocio y tratan de obtener tanto como pueden.” [1]

Que Milton Friedman, gurú del neoliberalismo y de la ofensiva antiobrera encabezada por Reagan y Thatcher, abordara con tanta franqueza el papel de los narcotraficantes ofrece una visión clara de los enormes intereses económicos que están en juego en el debate sobre la legalización de la marihuana y el cannabis.

Sindicat d'Estudiants

El pasado 2 de agosto se celebró una reunión secreta en la sede del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana en Madrid. La ministra Raquel Sánchez, el vicepresidente y conseller de Políticas Digitales y Territorio de la Generalitat de Catalunya, Jordi Puigneró, y el presidente de Aena, Maurici Lucena, acordaban a hurtadillas la ampliación del aeropuerto del Prat. Esto implica la extensión de la tercera pista del aeropuerto hacia el este, es decir, la destrucción de los Espacios Naturales del Delta del Llobregat y el Parque Agrario del Baix Llobregat.

La catástrofe ecológica no se detiene. Los pavorosos incendios que arrasan Grecia, Turquía, Túnez o el norte de California, el deshielo de Groenlandia, las lluvias torrenciales en China o las inundaciones en Alemania y Bélgica no son plagas divinas. Son el resultado directo de la actuación destructiva del modo de producción capitalista sobre la naturaleza, y de la connivencia de los Gobiernos serviles.

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¡El problema está en el modo de producción!

Reciclar y potenciar comportamientos más ecológicos es algo positivo y cada vez más personas se suman a ello, fruto de la genuina preocupación que existe por la degradación ambiental. Pero estas soluciones individuales no resuelven el problema central. Al mismo tiempo, las constantes campañas publicitarias sobre la concienciación personal, que siempre ocultan este tipo de datos, tienen otro objetivo: señalarnos a todos por igual como responsables, evitando apuntar a los grandes monopolios y al propio modo de producción capitalista.